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El
Centollo es un crustáceo decápodo que pertenece al mismo
orden que los cangrejos. Es de gran tamaño, su caparazón
mide entre 10 y 20 cm. de largo. Su
cuerpo es grueso y tiene forma redondeada.
Presenta dos espinas robustas en la zona frontal
y su caparazón es rugoso, con pequeñas
protuberancias y esta cubierto de vellosidades
sobre las que crecen pequeñas algas y esponjas,
de manera que se encuentra camuflado frente a los
posibles depredadores.
Sus patas
son largas y delgadas. Se alimenta de estrellas de mar ,algas,
moluscos, erizos y otros invertebrados del fondo marino,
pudiendo llegar a pesar más de 4 Kg.

Vive en fondos
arenosos con abundante vegetación de hasta 50 m. de
profundidad, en el Mediterráneo y latitudes medias del
Atlántico oriental. realizando migraciones estaciónales.
En la época reproductora se reúnen en grandes grupos,
llegando a tener dos puestas al año con un promedio de
unos 150.000 huevos en cada puesta.
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En Galicia,
además del gallego, se comercializan centollos
procedentes del exterior, básicamente de las Islas Británicas
y Francia, que reciben el nombre genérico de centollo francés. Aunque tienen un gran parecido, es posible
llegar a distinguir el gallego del francés a simple vista.
Podemos
apreciar, en lo que respecta al color, una tonalidad más
oscura, un color pardo en el centollo gallego, frente a
un rojo pálido en el francés. Por otro lado, se pueden
apreciar unas pequeñas algas, que habitualmente cubren
el centollo gallego, circunstancia ésta que no se da en
el centollo francés.
Otro
aspecto diferenciador, lo podemos encontrar en las patas,
mas largas en el gallego, y en esas vellosidades que
posee el centollo gallego en la parte superior de su
caparazón, del que está desprovisto el centollo francés,
y finalmente en las uñas, más afiladas en el centollo
gallego que en el francés.
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Se
recomienda cocer durante veinte minutos a ser
posible en agua de mar, o en su defecto en agua
con abundante sal, y unas hojitas de laurel. Esta
es la forma más habitual de descubrir el
verdadero sabor de un centollo. Pero sus
posibilidades no tienen límites. Es ideal en la
elaboración de salpicones, como protagonista de
pasteles, o en txangurro, donde gustan de
prepararlo en el País Vasco, con un leve golpe
final de horno. Otras preparaciones donde establece
su reinado es en las empanadas que se arriesgan a
hacer algunos, o en una suave bechamel para
preparar un estupendo "Soufflé" o unas
deliciosas croquetas.
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Dos recomendaciones finales
para seguir gozando del centollo gallego. El
primero, respetar como consumidores la talla mínima
de comercialización, 12 cm. desde los ojos a la
parte trasera de su caparazón, y la segunda,
abstenerse de consumirla en época de veda.
Durante los meses de verano le recordamos que el
centollo gallego está en veda, pero podrá
encontrar centollo francés.
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